13 de enero de 2013

LA LLAMADA


No ha sido nada ¡dijo! Solo una pequeña cicatriz que cubrirá la línea del bikini, mañana  saldré del hospital, con una pequeña parte menos de mi cuerpo, pero al fin, era algo que ya no necesitaba.

Mientras contestaba al teléfono miraba por la ventana de su habitación, eran los últimos días de agosto, fuera estaba diluviando y unos truenos ensordecedores retumbaban con fuerza en la plazoleta ajardinada que formaban los distintos pabellones de aquel hospital. En el edificio de en frente por encima de la puerta se podía leer. ONCOLOGIA.

Siguió pegada a los cristales sin quitar ojo de las letras que identificaban aquel pabellón con la palabra que siempre le había tenido tanto terror. ¡Oncología.! ¡Luego, quimioterapia! ¡Que suerte de no estar ahí, pensó! Y pensó también en las personas que estarían pasándolo peor que ella, con verdaderos problemas de salud, luchando y sufriendo largas sesiones de tratamiento. Al fin y al cabo ella solo tenía veintidós puntos que se los quitarían en diez o quince días. Ya le daban de alta al día siguiente. 

 Lo que menos podía esperar era que en los días de convalecencia recibiría una llamada de teléfono que pondría a prueba aquella mujer que tan fuerte se había creído hasta ese momento.

 Hola buenos días, soy la secretaria de doctor López le comunico que tiene una cita  para la semana próxima en el edificio de oncología en la planta baja consulta 6.
¡Perdone respondió, creo que se confunde yo nunca estuve en ese edificio a mi me operaron en maternidad!
 ¡Bien señora, pero se le cita a usted el martes de la semana que viene a las 10 de la mañana en esa consulta!
¿Se lo ruego señorita, me puede decir el motivo por el que mi cita es en la consulta de oncológica?
¡No puedo anticiparle nada más, es la orden que tengo!
¿Por favor se lo pido, no puede dejarme con esta duda toda una semana,  dígame al menos que cuando  analizaron encontraron algo que tienen que comunicarme?
¡Puede que el motivo sea ese, disculpe pero no puedo decirle más!
¡Gracias, iré preparada y con la idea de que no escucharé nada bueno!

Como podía ser que el mismo día que cumplía 50 años le dieran la mala noticia. Aquel día de cumpleaños seria muy distinto a otros años pasados.

 La mañana en aquella sala de espera la hizo reflexionar sobre momentos vividos, había tenido días bajos de ánimo pero jamás  estuvo en una  situación de tanta desgana a pesar de no tener otro dolor que la incertidumbre de lo que pudiera pasar. Observando a todas las personas que se encontraban en la sala se preguntaba. Unos serán enfermos, otros serán sus familiares o  acompañantes, unos son jóvenes, otros mayores, algunos como a ella no se les notaba ningún síntoma de enfermedad, sin embargo había mujeres con gorro o pañuelo que disimulaban las secuelas de tratamientos recibidos, los había con cara de miedo, y la mayoría charlaban animados en voz baja sin que se apreciara en ellos la menor preocupación. Ya se que haré. Tomaré todo esto como otra prueba de fuerza, y como tal no voy a desmoronarme a la primera, resistiré lo que venga y luchare, todavía me queda mucho que hacer. Cambiare mi actitud respecto a la forma de ver la vida, sobre todo valorar mas todo lo que tengo a mi lado, sea bueno regular o incluso a lo menos bueno intentaré sacarle algo positivo. Exprimiré al máximo y con alegría  los días que me encuentre bien y los peores los aceptaré pensando que mañana será otro día mejor.      
  Sumergida en sus pensamientos no escucho la voz que decía su nombre anunciando que podía  pasar a la consulta 6. Fue su compañero quien repetía su nombre una y otra vez para devolverla a la realidad.  


Rafaela.