2 de septiembre de 2012

DON QUIJOTE DE LA MANCHA


Me gustaría poder contar que este verano estuve en un país muy lejano, donde el termómetro no pasaba de los 24- 25 grados, con playas de arena blanca y aguas trasparentes de un azul tan intenso como el cielo en un bonito día de primavera.
O deciros que hice un crucero maravilloso tan de moda en esta época y que tanto me gustaría hacer. Aunque tampoco me hubiera importado poder decir que me quedé en alguna provincia del norte, el único sitio de España que me gusta visitar en verano.

 Algo así, hubiera deseado contaros. Pero mi tiempo de verano (que no llamo vacaciones) ha sido más sencillo de lo que yo pudiera desear. Solo fue cambiar la Capital por el campo en plena Mancha Conquense.
Bonitos amaneceres de dulce despertar con el trino de pájaros y el canto del gallo, días de intenso calor donde solo se escuchan las cigarras, las tórtolas y alguna urraca, y noches  que dan un respiro agradable en la temperatura, que invitan a un sueño reparador con el arrullo del canto de grillos y ranas que parecen cantar nanas en el silencio de la noche. Sin perdernos en la madrugada del 12 al 13 de agosto, la contemplación de las Perseidas o Lagrimas de San Lorenzo. Para ver este espectáculo se aconseja hacerlo en compañía para evitar que uno se duerma, hay que tumbarse en posición horizontal, ponerse ropa de abrigo o una manta, con los ojos bien abiertos y a disfrutar del espectáculo pidiendo algún deseo.  
   
Como “El que no se conforma es porque no quiere” y como suelo decir siempre “Más vale tarde que nunca” Lo mejor de mi verano ha sido leer Don Quijote de la Mancha. ¡Así ha sido, he leído El Quijote! Algo impensable hasta hace poco. Me parecía inmenso si alguna vez me decidía a tenerlo entre mis manos. Esos dos tomos tan enormes era mucho para mí.

 Este verano me propuse que tenía que leerlo y lo he conseguido, y como es de suponer he quedado maravillada con la lectura de esta novela. He viajado con la imaginación a muchos lugares que ya había visitado en distintas ocasiones, siempre escuchando contar por otros, la singular andadura del caballero de la Triste Figura y su escudero Sancho Panza por tierras de la Mancha.

Según iba leyendo me trasportaba en el tiempo a los  sitios conocidos, con una visión mas real de las famosas fábulas y vivencias de esta impresionante obra de Don Miguel de Cervantes. Dejándome llevar por la magia de la maravillosa pluma de este peculiar personaje, recorrí de nuevo la Venta del Quijote en Puerto lapice, la que le pareció un castillo donde le pide al ventero que le arme caballero empezando así su genial aventura. La Aldea del Toboso donde vivía su adorada Dulcinea. Campo de Criptana lugar en el que sucede la aventura de los “Gigantes” o “Molinos” Osa de Montiel para revivir el sueño o fantasía que tubo en la famosa cueva de Montesinos y donde descubrió el hechizo de Ruidera sus hijas y sobrinas convertidas en lagunas. Hoy   conocidas como las famosas Lagunas de Ruidera. Su paso por el famoso Valle de Alcudia  haciendo descanso bajo  encinares  y alcornocales para finalmente llegar a Sierra Madrona el lugar donde por unos días hizo penitencia Don Quijote, recordando las grandes peñas o arroyuelos de esta zona y parar en la Venta del Alcalde o de la Inés, venta que aun se conserva y que Miguel de Cervantes conoció en sus viajes desde Toledo a Córdoba por ser parada obligada en el antiguo Camino Real de la Plata. 

El haber hecho este recorrido en numerosas ocasiones le permitió a Cervantes conocer  con exactitud estos parajes, las costumbres de sus habitantes y de su sabiduría popular, también entender la forma en que estos recurrían  a  refranes para solventar sus limitaciones culturales. El reflejo queda en los dichos de Sancho que con estos refranes expresaba su parecer de una forma más rápida y concreta a cualquier conversación que mantenía con su amo, aunque tanto abusaba de ellos que los usaba sin venir a cuento, consiguiendo enfurecer a Don Quijote.

“En fin” (dos palabras a las que recurre mucho Don Quijote para continuar la conversación) Que además de haber disfrutado con la literatura de esta maravillosa obra, sin haberlo pensado hasta ahora, me doy cuenta de que tengo algo de herencia cervantina aprendida de mis antepasados familiares todos campesinos, de los que al igual que Sancho en sus conversaciones  siempre salían a relucir los refranes tan socorridos en ciertos momentos para aportar su parecer de forma clara y sencilla.

 Dejo constancia de algunos de los muchos refranes que  infinidad de veces escuche, y que siguen siendo frecuentes en mi forma de expresarme.  

Ande yo caliente riase la gente.
Donde una puerta se cierra otra se abre.
No con quien naces sino con quien paces.
De noche todos los gatos son pardos.


Rafaela.