En época
de crisis hay que agudizar el ingenio en muchas cosas, entre otras se incluye
el reciclado de ropa usada.
No creo que tengamos que llegar a los zurcidos
y remiendos que tanto ayudaron a nuestras abuelas y madres de aquellos años difíciles
de la posguerra. Pero quien sabe…
Toda
señorita que se precie, tiene que saber coser, nos seguían diciendo años después.
Además de hacer bolillos y bonitos bordados, era
imprescindible aprender a coser remendar o zurcir.
Se les daba la vuelta al cuello de las
camisas, los pantalones se remendaban una y otra vez, se ponían piezas en las
sabanas y se zurcían los calcetines. ¡Si, si! Por entonces no tenían más
remedio que aprovechar muchísimo la ropa.
¡Que nooo!...
Que esos años quedaron muy atrás, además hoy no se cose, no merece la pena. -Diréis
las más jóvenes-. También pienso a veces como vosotras, pero alguna vez me
entra el gusanillo y me entretengo cosiendo alguna cosa para asegurarme de que
no se me ha olvidado hacerlo.
Por eso
mi entrada de hoy va dedicada para quienes sepáis coser y tengáis ganas de
reciclar un pantalón vaquero que nos haya quedado anticuado convirtiéndolo en
una falda vaquera.
La idea la encontré en Internet, la puse en práctica
y el resultado es lo que veis en la foto.
Hoy voy a poner una entrada muy antigua que puse en mis principios
cuando nadie leía lo que escribía, y si lo leía alguien, por entonces no me
comentaban. Por eso el día que recibí un mensaje en esta entrada después de tanto tiempo, di un brinco
de alegría. ¡Mi relato había gustado! y me pedían permiso para hacer un trabajo
con él… Así fue, y así me lo manda Maria una vez terminado. El resultado ha
sido este vídeo que le pone a mis recuerdos una fantasía que me hizo
volver a rememorar con la misma magia aquellos años de niñez.
Hola que tal?.
Mi nombre es María Dueñas, quiero realizar un pequeño trabajo sobre La
Garganta, y me ha gustado mucho la descripción que hace Ud, de su pueblo. Le
pido permiso para utilizar este texto. Mi página www.mariapdm.jimdo.com, por si
quiere ver que tipo de cosas hago. Espero su respuesta.Un saludo.mariapdm2008.
El pueblo donde crecí y del que tengo mis recuerdos de niñez
Este pueblo o finca, estaba situado en sierra Madrona en el límite de Ciudad Real con la provincia de Córdoba. Subiendo del Valle de los Pedroches hacía la Mancha, La Garganta era un oasis o vergel junto a la sierra. Hablar de este pequeño pueblo de trabajadores es recordar un bosque de eucaliptos, pinos, sauces llorones, acacias, mimosas, muchas mimosas, mucha agua y todas las flores que uno pueda imaginar. Los jardines era lo que identificaba al pueblo, sus casas todas iguales de teja roja y pintadas de blanco, algunas con su jardín en la puerta repletos de rosales, geranios, hortensias. Un bosque unido a la sierra, que hablando de naturaleza podemos imaginar la cantidad de animales, desde venados, corzos, jabalíes lobos también algún gato montes que podíamos encontrar en las inmediaciones de la sierra y que alguna vez también bajaban hasta cerca del pueblo. Por algo todos los años se organizaba una montería de caza mayor. Los días de montería se vivían en La Garganta como una fiesta, lo mismo para mayores como para pequeños. Venían los Jefes con sus invitados franceses, también acudía algún ministro español de la época. Había que tener todo a punto para esos días empezando por la casa de huéspedes, jardines, caballos y puestos de tiro estratégicos en la sierra donde cada día de montería acudiría cada señorito acompañado por su mozo ayudante. (Mi padre siempre acompañaba a una señorita que luego le daba latas de foie gras, mermeladas y otras chucherias francesas que nosotros esperábamos con ilusión) al final de cada día era acercarse a ver las piezas cazadas, que luego una vez limpias repartían entre todos los del pueblo. El pueblo estaba dividido en dos partes en la zona llamada de arriba estaba la Iglesia, (en la que todavía, cada 16 de Julio se venera a la Virgen del Carmen) también las escuelas, casa del maestro, panadería y tienda. Bajando por un paseo de acacias había un gran pilón con un grifo, allí era donde saciábamos la sed todos los niños en los recreos y a la salida de la escuela. A la izquierda quedaba la casa del practicante y a la derecha las viviendas de los obreros. Para llegar a la zona de abajo había que cruzar un arroyo por un puentecillo de madera;este puente era estrecho (apenas podían cruzarse dos personas) Bajando este arroyo cubierto de zarzas, teníamos otro paso para cruzar este arroyo en invierno, había que ser equilibrista para no caer al agua, pues el puente solo era un tronco de árbol grande, pero no tardábamos mucho en aprender si no querías bañarte. Todo esto estaba lleno de huertos con nogales, árboles frutales y hortalizas según la temporada del año que cada dueño cuidaba para sustento de su casa. Mas arriba estaba el chorrillo y el puente grande por donde podían pasar los coches de caballos cuando había que subir a Don Rogelio y a Doña Ana siempre que acudían a misa. En la parte llamada de abajo estaba la casa de los jefes, rodeada de grandes jardines, desde fuera se podían ver palmeras y muchos rosales que cubrían los muros exteriores. También estaba la casa de huéspedes, las cuadras donde estaban los coches de caballos, carretas o tartanas y los propios caballos. (De todo esto se ocupaba mi tío Adolfo) Casi enfrente de las cuadras teníamos la fragua y carpintería, y muy cerca de todo esto había un enorme sauce llorón y debajo una fuente o chorro continuo cayendo a un pilón, el agua era fresquita, venia del pantano que esta en la sierra. Estos son los recuerdos que puedo recopilar en mi memoria, se que me dejo muchas cosas que otros quizás recordarán pero me he limitado a contarlo como lo veía en aquellos años en que todo nos parecía mas grande, las distancias muy largas pero todo precioso, recordado con el paso de los años y la añoranza. Hoy en día no queda casi nada de lo que describo en esta historia, por eso cuento todo en pasado, queda la Iglesia y poco más. Pero nos queda la sierra para mirarla desde lejos, porque allí no se puede pasar si no es el día de La Virgen, o con el permiso de los guardas forestales. Es una finca particular reservada para caza mayor. Como lo que acabo de contar sólo son recuerdos personales, dejo también la historia real de La Garganta principio y final.
COPIO Y PEGO
La Garganta nació cuando el municipio de Peñarroya absorbió, en 1908, la Nueva Sociedad de las Minas del Horcajo, en cuya propiedad figuraba una finca rústica de 6.919 hectáreas donde no existía posibilidad de explotación minera; tal finca abarcaba los quintos de Navarrillo, Los Cerros, El Horcajo y La Garganta. Peñarroya decidió conservar aquellos terrenos, que completó adquiriendo Matas Hermosas, Navaquemada, Añoras y Torneros quedando, al final, una finca de 15.600 hectáreas situada entre los términos municipales de Brazatortas y Almodóvar del Campo y a la que se decidió llamar La Garganta.
En 1912 Peñarroya emprendió el ordenamiento forestal de la finca, que se había convertido en orgullo de la Sociedad y en capricho particular de Frédéric Ledoux, hijo de Charles Ledoux. Los sitios más agrestes se repoblaron de eucaliptos destinados a madera (en 1920 la masa arbórea en propiedad de la Sociedad alcanzaba un valor de cinco millones de francos), mientras que las zonas aptas para el cultivo se roturaron (para lo que Peñarroya importó modernas máquinas de vapor que causaron gran impresión en la comarca) tras limpiarlas de broza y monte; al tiempo se construyeron caminos, viviendas, sistemas de riego y todo lo necesario para convertir aquella zona en una prometedora explotación agroforestal. En 1914 una fabrica textil, dedicada a confeccionar sacos para el envase de abonos orgánicos, y otra maderera completaron la labor de Peñarroya en La Garganta. La crisis a la que se vio sometida la Sociedad a mediados de los años veinte hizo que estas dos fábricas fueran vendidas por Peñarroya en 1928, la de papel a Papelera del Sur y la textil a La Yutera.
En 1968, ya con todas las explotaciones de Peñarroya en la provincia de Ciudad Real agonizantes, se cedieron al Patrimonio Forestal del Estado, por intermedio del ICONA, 3.285 hectáreas de monte de La Garganta, y, años más tarde, se decidió la enajenación total de la finca a la sociedad Villamagna, filial de explosivos Río Tinto. Hoy, y tras haber cambiado varias veces de manos, La Garganta es una de las fincas de caza más importantes de España.
En aquel pequeño rincón que hacia de
cocina. Junto con los vapores y olores que desprendían las ollas del pote
gallego, el cocido madrileño, o los callos, se entremezclaban las historias
de personajes famosos que pasaban diariamente por aquella zona antigua de
Madrid. Unas eran escuchadas sin querer, otras muchas contadas por los propios
comensales cuando la charla se animaba acompañada por la euforia del momento de ocio.
Ramiro era un hombre de edad
avanzada, buena persona y con mucho mundo corrido. De joven había viajado de un
lado a otro, siempre con su profesión de camarero a cuestas. Era este el que se encargaba de
pasar las noticias al olor de los pucheros. Y poner cara y nombre a los cuentos
y chismes de la gente que pasaba a sentarse en el comedor de aquel Restaurante.
-Cuatro cocidos completos -uno de
ellos para el Andaluz. El productor de cine. Con una buena “pringá” como él
dice. -Como podrá comer tanto este hombre, un día le va a dar algo de lo gordo
que esta. Hoy se le olvidó, que ayer dijo que estaba a régimen-. - Según les
oigo hablar creo que están preparando el rodaje de una nueva película-.
Pues mira el Empresario de la mesa 4,
anoche estuvo aquí de copas con la pelirroja que se la comía con los ojos, y
hoy viene a comer con su mujer como si tal cosa. Le ha quitado el abrigo de
piel con una delicadeza que si no le conociera bien, se podía pensar que esta
enamorado de ella. -Claro que es la que maneja los cuartos-.
-Para la locutora de TV. como todos
los días prepárame un pincho de tortilla y un filete grande para llevar. El
filete es para blanquita, su mimada
gatatita. Me cuenta que es la única compañía que tiene para darle cariño cuando
llega a casa-.
-En la mesa 5 acaba de sentarse el locutor de
radio. Me da a la nariz que su acompañante no es solo un amigo. Lo digo por lo
acaramelados que se les ve y las miradas que se dedican uno a otro…
El actor Veterano (como todos le llamamos
cariñosamente) aprovechando que la señora fue al baño me pide que le sirva
rápido una copa de ginebra antes de la comida. Este terminará con una cirrosis
que se lo llevará a la tumba en pocos años.
Por cierto acaban de entrar la pareja
de “astrólogos”. Me piden que les pongas dos bocadillos de calamares, aunque no
pueden pagar como les pasa siempre. Luego cuando termine la hora de las comidas
dicen que te leerán el futuro gratis.
¿Se puede saber porque tienes que
comentar la vida de todas las personas que pasan por aquí sin conocerlas? Déjate
de chismes, que no puedo escuchar bien las comandas que me piden tus
compañeros. -Le dijo Benita la cocinera con el genio que la caracterizaba desde
que solo veía pucheros y sartenes -. Como se entere el jefe de lo cotilla que
eres te plantará de patitas en la calle el día menos pensado. Y dile a los “astrólogos”
que les daré su bocadillo a cada uno, pero que ya se muy bien el futuro que me
espera como no pierda de vista esta cocina y toda la compañía que me rodea.
-Si lo sabré yo (prosiguió Ramiro) que
les conozco a todos. Llevo unos años en el barrio y estoy bien enterado de la
vida y costumbres de unos y otros- ¡Ay! (Gritó acto seguido dando un respingo dirigiéndose a los compañeros). ¡No me
toquéis la 10, que esa mesa la sirvo yo! Es el momento del día que espero con
ilusión para cruzar una mirada con los lindos ojos de ese joven actor que me
tiene loquito, y de hoy no pasa, aprovecharé que viene solo para plantárselo de
sopetón… Y se fue con el blog de comandas en la mano derecho a la mesa 10.
Quiero recordar y no siempre puedo, no es fácil después de
tantos años.
Quiero escudriñar en
mi memoria para recordar los días de escuela y sus tardes de lectura, al final
me llegan imágenes un poco difusas pero con la sensación y nostalgia de haber
vivido felizmente esas tardes de invierno. Según transcurrían las horas del día
la estufa de carbón aportaba a la escuela una agradable temperatura con un ambiente relajado y apacible. Al contrario que
en la mañana donde la tensión que suponía dar la lección o entender los
problemas de matemáticas, conseguía mi frustración y desanimo.
Se leía todas las tardes, mientras unas niñas hacíamos
labores, cada tarde había una que le tocaba leer, no puedo asegurar con cual de
las dos actividades disfrutaba mas, siempre han sido mis dos mayores aficiones,
pero es de suponer que la lectura requería menos esfuerzo y podías meterte en
la historia sin el mayor problema. Porque no siempre la que leía sabía
pronunciar correctamente, al final nunca te enterabas bien de la narración.
No se que hubiera
dado en aquellos años por llevarme uno de esos libros de cuentos, aunque hubiera
sido tan solo un día a mi casa, haberlo repasado una y otra vez hasta cansarme
de leerlo.
Unos años después descubriría los romances, aquellos poemas
que contaban historias interesantes de manera que las pudiera entender el
pueblo y que desde épocas remotas había sido la única forma de recibir noticias
de tierras lejanas.
Llegaban como por arte de magia. Un buen día aparecía
alguien por las calles recitando o cantando con esa musiquilla pegadiza que evoca el medievo y rápidamente eran seguidos por niños y niñas para hacerle corro y escucharle
con atención o comprarle si disponíamos de una perra gorda, o sea -diez céntimos
de aquellos años- Estos poemas hablaban de Don Rodrigo el Cid, de moros que tenían
princesas cautivas, adulterios o asesinatos contando en cada una de ellas sus
penas, alegrías y sus vergüenzas.
Recuerdo entre otros muchos el romance de Las tres cautivas,
Rosalinda, La reina mora, pero había uno en particular que nunca olvide.
Gerineldo, este romance lo recitaba y cantaba con frecuencia, me llamaba la
atención aquel nombre tan raro, y como no, la picaresca de aquella princesa tan
descarada que se atrevía a citar a tan arrogante mozo a su alcoba.
GERINELDO Y LA INFANTA
–Gerineldo, Gerineldo,
Gerineldito pulido,
¡quién te pillara esta noche
tres horas a mi albedrío!
–Como soy vuestro
criado,
señora, os burláis conmigo.
–No me burlo, Gerineldo,
que de veras te lo digo.
A las diez se acuesta el rey,
a las once está dormido
y a eso de las once y media
pide el rey su vestido.
–Que lo suba Gerineldo
que es mi paje más querido.
Unos dicen: no está en casa;
y otros que no lo habían visto.
El rey, que lo sospechaba,
al cuarto fue dirigido,
con zapatillas de seda
pa que no fuera sentido.
Se los encontró a los dos
como mujer y marido.
"Si mato a mi hija infanta
dejo el palacio perdido
y si mato a Gerineldo
lo he criado desde niño.
Pondré mi espada por medio
pa que sirva de testigo."
A lo frío de la espada
la princesa lo ha sentido:
–¡Levántate, Gerineldo,
que somos los dos perdidos,
que la espada de mi padre
entre los dos ha dormido!
–¿Por dónde me iré yo
ahora?
¿por dónde me iré, Dios mío?
Me iré por esos jardines
a coger rosas y lirios.
Y el rey, que estaba en acecho,
al encuentro le ha salido.
–¿Dónde vienes,
Gerineldo,
tan triste y descolorido?
–Vengo de vuestro
jardín, señor,
de coger rosas y lirios.
–No me niegues,
Gerineldo,
que con mi hija has dormido.
Hincó la rodilla en tierra,
de esta manera le dijo:
–Dame la muerte, buen
rey,
que yo la culpa he tenido.
No ha sido nada ¡dijo! Solo
una pequeña cicatriz que cubrirá la línea del bikini, mañana saldré del hospital, con una pequeña parte
menos de mi cuerpo, pero al fin, era algo que ya no necesitaba.
Mientras contestaba al
teléfono miraba por la ventana de
su habitación, eran los últimos días de agosto, fuera estaba diluviando y unos
truenos ensordecedores retumbaban con fuerza en la plazoleta ajardinada que
formaban los distintos pabellones de aquel hospital. En el edificio de en frente
por encima de la puerta se podía leer. ONCOLOGIA.
Siguió pegada a los
cristales sin quitar ojo de las letras que identificaban aquel pabellón con la
palabra que siempre le había tenido tanto terror. ¡Oncología.! ¡Luego, quimioterapia!
¡Que suerte de no estar ahí, pensó! Y pensó también en las personas que
estarían pasándolo peor que ella, con verdaderos problemas de salud, luchando y
sufriendo largas sesiones de tratamiento. Al fin y al cabo ella solo tenía
veintidós puntos que se los quitarían en diez o quince días. Ya le daban de alta
al día siguiente.
Lo que menos podía esperar era que en los días
de convalecencia recibiría una llamada de teléfono que pondría a prueba aquella
mujer que tan fuerte se había creído hasta ese momento.
Hola buenos días, soy la secretaria de doctor
López le comunico que tiene una cita para la semana próxima en el edificio de oncología
en la planta baja consulta 6.
¡Perdone respondió, creo
que se confunde yo nunca estuve en ese edificio a mi me operaron en maternidad!
¡Bien señora, pero se le cita a usted el martes
de la semana que viene a las 10 de la mañana en esa consulta!
¿Se lo ruego señorita, me
puede decir el motivo por el que mi cita es en la consulta de oncológica?
¡No puedo anticiparle nada
más, es la orden que tengo!
¿Por favor se lo pido, no
puede dejarme con esta duda toda una semana,
dígame al menos que cuando
analizaron encontraron algo que tienen que comunicarme?
¡Puede que el motivo sea
ese, disculpe pero no puedo decirle más!
¡Gracias, iré preparada y
con la idea de que no escucharé nada bueno!
Como podía ser que el mismo
día que cumplía 50 años le dieran la mala noticia. Aquel día de cumpleaños
seria muy distinto a otros años pasados.
La mañana en aquella sala de espera la hizo
reflexionar sobre momentos vividos, había tenido días bajos de ánimo pero
jamás estuvo en una situación de tanta desgana a pesar de no
tener otro dolor que la incertidumbre de lo que pudiera pasar. Observando a
todas las personas que se encontraban en la sala se preguntaba. Unos serán
enfermos, otros serán sus familiares o acompañantes, unos son jóvenes, otros mayores,
algunos como a ella no se les notaba ningún síntoma de enfermedad, sin embargo
había mujeres con gorro o pañuelo que disimulaban las secuelas de tratamientos
recibidos, los había con cara de miedo, y la mayoría charlaban animados en voz
baja sin que se apreciara en ellos la menor preocupación. Ya se que haré. Tomaré
todo esto como otra prueba de fuerza, y como tal no voy a desmoronarme a la
primera, resistiré lo que venga y luchare, todavía me queda mucho que hacer. Cambiare
mi actitud respecto a la forma de ver la vida, sobre todo valorar mas todo lo
que tengo a mi lado, sea bueno regular o incluso a lo menos bueno intentaré
sacarle algo positivo. Exprimiré al máximo y con alegría los días que me encuentre bien y los peores
los aceptaré pensando que mañana será otro día mejor.
Sumergida en sus pensamientos no escucho la
voz que decía su nombre anunciando que podía pasar a la consulta 6. Fue su compañero quien repetía
su nombre una y otra vez para devolverla a la realidad.
Hoy leyendo el ultimo post de nuestro compañero de letras. http://delamanodelbosque.blogspot.com.es/ recordé que yo en mis principios también escribí algo sobre un árbol. El ÁRBOL GRANDE Todo lo que tengo escrito hasta ahora, sin duda ninguna se nota que son relatos verídicos, al igual que el siguiente aunque empiece como si fuera un cuento clásico.
Había una vez un álamo negro o chopo, que creció feliz durante muchos, muchos años, hasta llegar a ser centenario, con una altura de 30 metros, su inmenso tronco aguantaba sus tupidas y frondosas ramas horizontales, en verano la sombra podía medir 100 metros de diámetro en pleno día de sol. Junto a una casa de labranza en tierras de Castilla la Mancha y durante toda su larga vida, se ocupo de dar sombra y cobijo a toda clase de pájaros y animales de aquel entorno. A su sombra, se sentarían también las distintas personas que a lo largo de sus 100 años irían pasando por aquella casa. Cuantas cosas podía haber contado si hubiese podido hablar, tanto de sus años jóvenes que serian felices, como de los últimos de su vida que no debieron serlo tanto. La casa era grande, con una gran extensión de terreno en los que abundaban las carrascas y monte bajo, por eso también era coto de caza, Los conejos, liebres, perdices y demás animales de la zona, convivían junto con labradores en aquel tranquilo lugar. Como el sitio tenia su atractivo junto a un rió en cuyo margen se apreciaba una inmensa chopera que delineaba su curso hasta llegar a un lago artificial y unas lagunas creadas por la extracción de arena, convirtiéndose todo ello en un precioso humedal que tiene su encanto para algunas aves acuáticas y pescadores de carpas. Alguno de sus dueños tuvo la idea de desmontar todo, hacer una urbanización y venderlo por parcelas, de 3.000 metros. Junto a la casa hicieron un gran restaurante donde se preparaban grandes barbacoas, una gran pista de baile con orquesta para las noches de los sábados y días de fiesta. Con aquel gran árbol en la puerta y toda la gente que iba llegando, no quedaba duda de que la opción fuese acertada. Rodeado de grandes jardines repleto de rosales y árboles frutales, manzanos y cerezos, el árbol se hizo famoso para todos los vecinos que llegaron, también para los pueblos colindantes. Tenía un encanto especial a cualquier hora del día y de la noche, siempre se estaba bien debajo del Árbol Grande. Debajo de aquel árbol se celebraron grandes acontecimientos, bodas de hasta 300 invitados, bautizos, la fiesta grande a la Virgen de la Cabeza el 15 de Agosto, comidas y cenas de amigos los fines de semana de todo el año, y sobretodo en verano era el punto de encuentro de todos. ¡Nos vemos en el Árbol! decían los vecinos. Durante mas de 20 años, los jóvenes y no tan jóvenes, disfrutaban de partidas de cartas o sus tertulias, los mas pequeños correteando entre ello con su algarabía sin percatarse que el Árbol Grande se moría, nadie se daba cuenta de que el árbol agonizaba sin poder quejarse, sin poder decir que no aguantaba más aquel trasiego de gente justo encima de sus raíces. Nunca se supo cual fue la causa exacta. Se cree que fue la grafiosis una grave enfermedad que ataca a los olmos. De nada sirvió que pasaran expertos en el tema, que le pusieran tratamiento con fungicidas, en muy pocos meses se quedo seco y sin vida. Quizás tenia que suceder así, es difícil que un chopo viva 100 años y este lo consiguió. Del Árbol Grande solo queda su tronco seco y sus ramas fantasmagóricas, camufladas por una hiedra que intenta aferrarse a el, para así poner algo de vida a aquel que tuvo tanta hasta que lo descubrieron los urbanos para ser testigos de su final.
Mal empezamos, tres días llevamos ya del nuevo año los
mismos que me siento acompañada por el Rhinuvirus del catarro común que se encuentra a gusto en
mis vías respiratorias y de ningún modo tienen intención de marcharse.
Que eterno se hace el tiempo cuando uno se encuentra mal. Es
un simple catarro, te dice el medico, tenga unos días de reposo, Paracetamol y
beber mucho agua, en unos días desaparece.
Unos días que pueden ser de una
semana a diez. Me río yo del simple
catarro, simple pero pesado y molesto. El no estar en plenas facultades además
de las molestias que conllevan los síntomas también te deprime.
Como llegaron sin presentarse he indagado para ver que aspecto
tenían estos intrusos y encontré lo simpáticos que parecen a simple vista los
molestos huéspedes.
Como mi numero de la suerte es el 13, el año que vamos a empezar no puede pasar inadvertido para mi, y al mismo tiempo desearos a todos amig@s blogeros que el 2013 venga con mucha salud, mucho trabajo y todo aquello que cada uno mas necesitemos. Seguir escribiendo y leyéndonos unos a otros sera una buena señal.
No
se que me pasa, estoy contenta por haber llegado a tener 70 seguidores, pero no lo estoy tanto
cuando me doy cuenta que no puedo comentar a todas vuestras entradas, ni siquiera a los que comentáis las
mías.
O esto no es tan fácil de mantener como pensaba, o alguien me tiene que
contar como lo hacen cuando veo algunos blog que tienen cientos y hasta mil
seguidores.
Cuando veo una fotito nueva me pongo contenta luego me entristece pensar que quizás no pueda ni leer muchas de sus entradas.
Hoy
mi entrada la dedico a todos vosotros que estáis en el cuadro de seguidores. A
todos los que comentáis porque ya sabéis la ilusión que hace encontrarse un comentario.
A los que hace mucho que no paso a dejar el mío por falta de tiempo. Algún que otro que siendo
seguidora vuestra nunca os dije nada. Familia, amigos y paisanos que pasáis
solo a leer y con ello ayudáis a engordar
mi numero de visitas y estadísticas. Para todos, todos y todo el que lo lea ,os deseo
La tarde no era nada tranquila, el viento soplaba
con toda su fuerza, silbando sin descanso y dispuesto a manipular nubes a su
antojo llevándolas de un lado a otro con prisas y de un modo inquietante. Pero lo
que estaba viendo desde mi terraza no era para dejarlo pasar por ser uno de
esos momentos únicos que te llenan de gozo al observarlos.
Lo mismo que el bosque nos inspira en el otoño multitud de sensaciones,
también las nubes en esta época del año
se hacen notar jugando al escondite con el sol y dejando ver sus distintos tonos que van cambiando por
minutos.
Vaporosas
nubes de algodón blanco de pronto se vuelven grisáceas hasta llegar a los
colores mas calidos de ocres a rojizos, todos ellos en movimiento constante a
merced del viento, formando filigranas de imágenes cambiantes a cada momento,
solo al ser captadas con la cámara pude inmortalizar el bello espectáculo que
me ofrecía la tarde otoñal con ese
inmenso mar de nubes fascinantes.
Sin quitar
la vista de aquella hermosa maraña me parecía estar contemplando una misteriosa
exposición del romanticismo ingles del siglo XVIII descubriendo en la
naturaleza la luz y los colores que pintores como Constable o Turner supieron
plasmar en sus cuadros, utilizando de manera revolucionaria los medios por los
que el color parece propagarse a través de la atmósfera.
Mi retina
pudo guardar el placer de contemplar las imágenes de aquella tarde, pero es
gracias a la cámara que puedo compartir con todos vosotros solo un poco de tanta belleza.
Hubo un
instante fugaz al pasar una bandada de aves migratorias que fueron más rápidas
que mi cámara, solo verlas aparecer y en décimas de segundo la distancia era
tanta, que solo las pude captar a lo lejos en miniatura, pareciendo moscas que confundían
la nube rojiza con un panal de rica miel.
Este mundo blogero es mágico! Con el tiempo vas
conociéndolo y aprendiendo a disfrutar de los relatos, historias o anécdotas de
compañer@s que a la vez te traen a la mente recuerdos de tus propias vivencias
que quizás teníamos olvidadas y al leer aquello en otro blog se enciende la
lucecita y recuerdas tu propia experiencia.
El otro día nuestra amiga Jara del blog Tomando
café. http://tomandocafe04.blogspot.com.es/2012/11/anecdota-literaria-categoria-infantil.html nos ofrecía una entrada con una anécdota graciosísima recordando la manera
tan distinta de entender la lectura en nuestros años de infancia, de cómo te hacías mil
preguntas sin respuesta “atascándonos” en
palabras o frases difíciles para nuestra edad y en unos años que
nuestros maestros hablaban solo ellos y no valía preguntar ni rechistar.
Según
disfrutaba de lo que ella había escrito recordaba mis años de escuela. Seria en
unas vacaciones de Navidad, yo tendría los 6 o 7 años. Con muchos días por
delante y con tiempo suficiente (nos dijo la maestra) para que al volver
supiéramos recitar la poesía de un conocido poeta castellano Don Iñigo de
Mendoza, Marques de Santillana. Estaba
escrito en un folio y con una caligrafía antigua que me llamaba la atención y
me gustaba aquel diseño, el único problema era que no había manera de entenderla.
De
vez en cuando había en aquella poesía unas palabras mal escritas, cuando mas
animada estaba con mi lectura en voz alta me encontraba que aquello que leía no
tenia sentido. Moza tan fermosa… Fablando
sin glosa… Por tierra fraguosa… ¿Como seria aquella moza y aquella tierra? Nada
de nada, un día y otro, pasaron las vacaciones con mi preocupación de no
entender aquella poesía que seria preciosa pero aquello de no estar segura de
lo que decía me hizo revelarme, romper el folio y negarme a recitarla, diciendo
que perdí el papel y asumiendo el castigo que me caería encima. Castigo si hubo,
pero ninguna explicación del significado o algo relacionado con la preciosa
Serranilla.
Pasados
algunos años y mi tesón en querer saber, encontré la famosa Serranilla y pude
aclarar todas las dudas que me quedaron
entonces.
LA
VAQUERA DE LA FINOJOSA
Moza tan fermosa
non vi en la frontera,
com'una vaquera
de la Finojosa.
Faciendo
la vía
del Calatraveño
a Santa María,
vencido del sueño,
por tierra fraguosa
perdí la carrera,
do vi la vaquera
de la Finojosa. En
un verde prado
de rosas e flores,
guardando ganado
con otros pastores,
la vi tan graciosa,
que apenas creyera
que fuese vaquera
de la Finojosa. Non creo
las rosas
de la primavera
sean tan fermosas
nin de tal manera;
fablando sin glosa,
si
antes supiera
de aquella vaquera
de la Finojosa; non
tanto mirara
su mucha beldad,
porque me dejara
en mi libertad.
Mas dije: «Donosa
-por saber quién era-,
¿dónde es la vaquera
de la Finojosa?» Bien
como riendo,
dijo: «Bien vengades,
que ya bien entiendo
lo que demandades;
non es deseosa
de amar, nin lo espera,
aquesa vaquera
de la Finojosa».
Todo
viajero que llega a Madrid no puede dejar de visitar La Gran Vía para llevarse
consigo el recuerdo de haber estado en la calle más comercial y emblemática de
la capital de España.
Desde
que fuera inaugurada en el año 1910 para comunicar el barrio de Salamanca con
el de Chamberí hasta celebrar su centenario en 2010 ha pasado mucha historia por La Gran Vía.
Edificio Metrópoli
Durante
su construcción prestigiosas empresas median su valor en fachadas y ornamentales
cornisas formando un conjunto arquitectónico de un enorme valor donde
predominan los estilos de la primera mitad del siglo XX. Al ser construida a lo
largo de medio siglo se nota la evolución en sus distintas construcciones, desde
historicistas, neobarroco o neorrenacentista y otros de inspiración francesa
como el majestuoso edificio Metrópoli el cual llama la atención por su elegancia
y su hermosa cúpula de pizarra coronada por una alegoría en bronce formada por
el ave fénix (Un dato curioso de esta llamativa cúpula es que su interior sirve
de almacén). Aunque este edificio tiene su
entrada por la calle Alcalá es un punto muy significativo entrando desde
Cibeles por ser justo en esta esquina donde da comienzo esta concurrida calle madrileña.
Para
disfrutar La Gran Vía hay que hacerlo paseando, admirando sus edificios y sus
diferentes estilos arquitectónicos.
Día
y noche es un hervidero de coches y personas, todos parecen competir en una gran
carrera que junto con la ostentación de lujo y esplendor de esta gran calle
escaparate, en algún momento nos hará creer estar viviendo un mundo algo irreal. Famosas joyerías,
tiendas de moda, lujosas cafeterías, cines, espectáculos y grandes hoteles,
llenan de vida y glamour los 1316 metros de esta gran avenida.
En
la noche nos encontramos con una impresionante visión de estos edificios todos
ellos iluminados mostrando su belleza y diseño.
Si el paseo lo hacemos en la
mañana tendremos otra perspectiva distinta no por ello menos bella, pero si mas
relajada y tranquila con la posibilidad de contrastes que nos puede ofrecer un
día soleado. Terrazas repletas de turistas con ojos de asombro contemplando la hermosura
que tienen ante ellos. Los mismos edificios que veíamos fantasiosos en la noche
los vemos más reales a la luz del día, tan solo abrazados algunos de ellos por
la sombra de los edificios de enfrente.
Edificio Madrid Paris
El
edificio Madrid-Paris esta a mitad de recorrido de la Avenida. Este fue el
primero en albergar unos grandes almacenes con las primeras escaleras
eléctricas que se instalaron en Madrid.
Edificio Carrión
En
el último tramo haciendo esquina con la plaza de Callao, donde La Gran Vía gira
hacia la Plaza de España, hacemos una parada para observar el edificio Carrión,
llamado también Capitol, uno de los más
identificados en todo el mundo con nuestra famosa avenida.
Cine Callao
Presidiendo la Plaza de Callao con un porte
majestuoso se encuentra el cine con el mismo nombre y uno de los más antiguos
de Madrid. El Cine Callao fue inaugurado en 1926 con la película Luis Candelas (el
famoso bandolero de Madrid). Este tiene una capacidad de 1500 butacas y en 1927 se
proyectaron los primeros cortos con las primeras pruebas de “cine parlante” como
se le llamaba en aquella época.
En mi ultima entrada dedicada “A mi Madre” solo quise expresar
sentimientos vividos de aquellos años 60 cuando Ella se fue inesperadamente y
en tan solo un mes. Mis visitas al cementerio los años siguientes pasándolo
mal y volviendo aun peor.
Tengo que pedir disculpas a todo
aquel que entienda de poesía y haya pensado que quise hacer algo parecido en mi
escrito. ¿Quizás la confusión este en los puntos y aparte que puse donde me pareció?
No se nada de poesía ni mucho menos hacerla. Solo
cuando leo una a veces me llega “hondo” y es cuando noto lo que imagino que será
que esta sea buena o no.
Pido disculpas por estos problemas
a la hora de escribir, por tantos tropezones que os hago dar con mis faltas de ortografía
y comas mal colocadas en cualquier sitio sin venir a cuento.
Gracias a mi buena amiga que me avisa de mis
fallos para poder rectificarlos e intentar ir aprendiendo.
Alzadas
mis manos para abrazarte, estas quedaban vacías como paloma que vuela perdida sin
rumbo.
Te
busque entre moradas de muerte, segura de no encontrarte pero con la esperanza
del milagro que nunca llega.
Me acostumbre a tu ausencia sin olvidarte,
recordando lo corto que fue nuestro caminar juntas.
Tu
morada se hizo vieja de tanto visitarla, como envejecieron mis ojos de tanto llanto.
Aprendí
a imaginar tus consejos en el silencio para cambiar mi actitud por tu perdida. Imagine tu deseo de alejar las visitas a tu triste morada porque
te dolía verme sufrir tu ausencia.
Fueron
tantos años esperando una señal de aliento junto a tu frío y solitario lecho, que un día comprendí la dura realidad de la
vida cuando esta se va no tiene retorno por más flores que la quieran adornar.
Recordar
es no olvidar los pocos años que estuvimos unidas, tener dibujada en mi mente
tus hermosos ojos, tu cara, tu silueta, incluso tu forma de andar, el inmenso
amor que sentías por los animales, la naturaleza, tantas y tantas cosas…
Recordar
es haberte sentido cerca en cada acontecimiento alegre o triste de mi vida.
Recordar es lo que se guarda cada día por toda una vida en el corazón.
Mi nombre es María Dueñas, quiero realizar un pequeño trabajo sobre La Garganta, y me ha gustado mucho la descripción que hace Ud, de su pueblo. Le pido permiso para utilizar este texto. Mi página www.mariapdm.jimdo.com, por si quiere ver que tipo de cosas hago. Espero su respuesta.Un saludo.mariapdm2008.