11 de mayo de 2011

28 de abril de 2011

MI BLOG

A puntito de cumplir el año con mi blog, hago recuento de este tiempo y pienso porque sigo con él.
También quiero desde aquí dar las gracias a todas las personas que me ayudaron en mis inicios a la informática.
Todo empezó en Asociación Cultural Gandalf con una prueba para crear un blog, cuando iba a terminar el curso después de haber estado tres largos años.
Mirándolo en años se hace largo, pero si pienso que solo era hora y media a la semana, en absoluto se me hacia pesada esa hora de la tarde, todo lo contrario era un rato agradable con los profesores y compañeros que en ese tiempo conocí.
El primer curso, era de iniciación a la informática. Bajo la supervisión de las coordinadoras Rosalía Poza y Teresa Hermida, con la ayuda de colaboradores como Antonio Martinez, Mari Carmen Rincon, Irene y Paco, todos con una enorme paciencia al menos conmigo, si tenemos en cuenta que hasta entonces, parece como si me dieran alergia los ordenadores, nunca se me había ocurrido sentarme delante de uno. Bueno, también pudo ser que el único que había en casa nunca estaba libre.
Segundo curso, Power Point e Internet. Este lo empezaba yo con poco entusiasmo, puesto que en el primero ya me había costado aprender a manejar el ratón, no estaba muy segura cuanto duraría en el tema, pero mira tu que fue todo lo contrario, me empezaba a gustar, como era normal después del primero, el manejo con la tecnología iba siendo mejor y todo esto de las presentaciones con imágenes y animaciones me entusiasmó. Tuvimos que realizar un trabajo con similitudes entre España y Eslovaquia, buscando semejanzas y aplicándolas en diapositivas. En aquel momento me resulto de lo más interesante y salió bien.
Tercer y último curso para mí. Con Excel el peor, eso de los números nunca se me dio bien, pero era lo que tocaba y al final lo conseguí, más o menos…
El curso terminaba en Junio y a primeros de Mayo, una tarde nos dice Teresa que tenemos que abrirnos un blog ¿Qué es eso Teresa? le pregunté. (Tengo que deciros que era la primera vez que oía la palabra blog en informática). Nos dio las instrucciones y nos fuimos ese día cada uno con nuestro “blog debajo del brazo” pero el problema para mi vino cuando quise abrirlo sola en casa, como no lo encontraba, lo mejor solución era abrir otro, así lo hice, de esa manera me encontré con un segundo blog y al final tuve que abandonar uno, pensé que ya seria difícil intentar escribir en uno, como para pensar en dos.
El resumen de todo es que me encuentro contenta de tener mi blog, como también lo estarán algunos amigos y familiares, pues con los años me dio por contar batallitas sin parar a todos los de mi entorno, creo que los tenia cansados de tanta historia, cada vez que tenia ocasión, ya estaba con mis recuerdos.
Ahora en mi blog, escribo lo que quiero y cuando puedo, no me para nadie, me siento bien al hacerlo. Se que tengo algún problema con los puntos y las comas (porque todo lo demás lo hace bien el corrector ortográfico), me gustaría no tener ninguna falta, y pido disculpas por esto, a todo el que me sigue leyendo.
No tengo seguidores, ni muchos comentarios, solo sé, que me leen porque alguno me lo dice, pero si fuese de otra manera estaría mas comprometida con la tarea de escribir mas seguido.
¡No se hasta cuando, pero seguiré!

14 de abril de 2011

LA YEGUA

La yegua de la casa, era un animal noble y dócil, era muy querida por todos pero sobre todo por los más pequeños, ella lo sabía, por eso nunca movía una pata si estaba cerca algún niño. Le podían cepillar el lomo, la tripa incluso hacerle trenzas en la cola o en la crin, que el animal no se movería hasta estar segura que el niño se había retirado de su lado.

La mas pequeña de la casa siempre compartía con ella lo que comía, lo mismo le daba pan, que un tomate o un pepino, así tenia ganada su confianza, tanto que a la hora de montar, solo tenia que agarrarse a la cola y gatear por sus patas para encaramarse a su lomo.
El agua quedaba lejos, por ese motivo costaba trabajo acarrearla, había que hacerlo con la yegua, empezando por ponerle el aparejo, ciñendo bien la cincha y colocando las aguaderas para poder llevar cuatro cantaros, además no se podía olvidar un cubo, el cubo era parte importante en este menester (Luego sabremos el misterio de este cubo) Como los mayores tenían muchas otras ocupaciones, la tarea de traer agua la podían hacer los más pequeños, cosa que se tomaban estos, como un paseo entretenido.

Las dos pequeñas se montaban en la yegua, y como si se fuesen de romería, cantando a dúo, alegraban los campos y caminos por donde iban pasando. La gente de los huertos al oírlas ya sabían que era la manera que ellas tenían de no tener miedo a nada, ni a nadie, estar siempre juntas y cantar para ahuyentar los bichos y animales que podían cruzarse en su camino. De las dos, la más pequeña era la menos miedosa y la mas atrevida tratándose de ir sobre la yegua, por eso cuando se cansaba de ir sentada, se ponía de pie en cima de la yegua empezando a bailar (todo esto sin parar de andar) de esta manera la actuación se hacia mas interesante y atractiva. El animal se movía con sumo cuidado, bien parecía que se diera cuenta de la inocencia de las chiquillas, cuidando sus pasos para que no les pasase nada.

Si el agua era para la casa, se iba a la fuente que había en la estación, si era para los animales podías traerla de las charcas en las graveras de las minas. Aquí es donde se hacia imprescindible el cubo (para las pequeñas hubiera sido imposible llenar los cantaros sin el) en la fuente, la que estaba en el suelo, ponía un poco de agua en el cubo y se lo daba a la que estaba encima de la yegua y así iban llenando los cuatro cantaros, si había que hacerlo en las charcas, lo mejor era meter el animal en el agua que le cubría hasta la panza, de esta forma, desde arriba, solo tenían que alargar el brazo con el cubo para coger el agua y luego vaciar en el cántaro.
Todo esto lo hacían sin prisas, entre cántaro y cántaro se pasaban el tiempo mirando los animalillos del agua, los llamativos avioncitos en los juncos, los zapateros, esos insectos tan curiosos que se movían tan rápidos y nunca se hundían, lo mismo intentaban coger una rana, un renacuajo, o simplemente hacían planear un piedra tirándola sobre el agua contando cuantos saltos daba sobre ella.
Mientras tanto la yegua aguantando con las patas en remojo en medio de la charca. Si hubiese podido hablar la pobre yegua la de veces que hubiera dicho que ella no era un juguete, que era un animal, solo que tenia inteligencia y mucha paciencia con los niños.

29 de marzo de 2011

LA NIÑA RUBIA

El matrimonio aquel, no tenia hijos, por ese motivo María no era feliz, su vida transcurría monótona y obsesionada con la idea de tener niños.
Su marido tenía tierras y ganado, que con ayuda de jornaleros lograban buenas cosechas. Tampoco a la señora le faltaba una criada para lavarle la ropa y ayudarle en el cortijo.
María tenía todo lo que mucha gente de su entorno en aquellos años 50 le podía envidiar. Cuando a su alrededor todos pasaban fatigas para conseguir un jornal, ella se podía permitir el lujo de usar cremas para la cara, el Visnú, los perfumes y muchas otras cosas prohibidas por la escasez de la época para las demás mujeres.
Su cara muy blanca, por las cremas o polvos que usaba, el pelo muy largo y liso, de un negro brillante pringoso (contaba ella que lo cuidaba con aceite de romero) la impresión al ver su aspecto resultaba un tanto extraño en aquel mundo bucólico en el que vivían en medio del campo. El matrimonio no le gustaba relacionarse con la gente de la zona, salían de casa solo lo imprescindible.
María solo se ocupaba de ella, pensando la forma de llenar ese vacío que sentía al faltarle ese hijo tan deseado. No podía entender porque le había tocado la desgracia de no tenerlos cuando todas las demás mujeres tenían tres, cuatro, cinco, incluso más.
No muy lejos de donde vivían había un matrimonio más joven que ellos que tenían un niño y una niña. Desde que nació aquella niña, María se encapricho de la pequeña, según la veía crecer le parecía una princesita, con ese pelito rizado y rubio. Justo la hija que ella hubiera deseado tener.
Como dicho matrimonio tuvieron años después otra niña, María empezó a soñar, pensando que podía ser la ocasión de pedir la pequeña a sus padres, supuesto ellos tenían ya otra, no les importaría dársela. Según lo venia pensando, así se lo expuso al matrimonio vecino, a la niña no le faltaría de nada, la tendrían cerca para verla todos los días y en su casa podía vivir con todos los caprichos que en esa humilde casa no podían darle.
Como era de suponer aquellos padres amantes de sus hijos, recibieron esta propuesta como una locura de aquella señora caprichosa que pensaba conseguir todo con su dinero. Dijeron un no rotundo a tanta insensatez. Cuando alguna vez insistía en hablar del tema, ellos lo dejaban pasar, como que la mujer no estaba bien, como si les diese pena de su mente obsesiva. Solo le respondían ¿Pregúntale a la rubita?
Sin embargo ella no se daba por vencida y no dejaba de acosar a la pequeña, con palabras como ¡Estarás muy bien, vente conmigo! ¡Mira que tengo guardado, para cuando te vengas! La niña no hacia caso, solo entendía lo molesto que resultaba oír su cansina cantinela cada día que se la encontraba.
Después de 4 o 5 años, la obsesión de aquella pobre mujer no desaparecía; un día tuvo la ocasión de enseñarle a la pequeña las cosas que había perdido al no irse a vivir con ella. Le tenia una bonita habitación toda de rosa, con alguna muñeca, un reloj de oro además de una medalla y muchos cuentos. Esa fue la última vez que la niña la visito. Le dio tanto miedo, que llego a pensar que un día la encerraría en su casa.
Ni siquiera los cuentos podían llamar la atención de la pequeña que ese día fue consciente de lo que pretendía la señora. Quería separarla de sus padres y hermanos. Además, desde ese momento, también empezó a tener desconfianza de los pensamientos de sus padres. ¿Por qué no habían parado las ilusiones de aquella mujer? Tuvo que pasar algún tiempo sin verla, para que la pequeña no sintiera el temor de que la iban a separar de su familia.
Al final, aquella habitación fue ocupada por una jovencita adolescente, que colmaría la dicha de María. Y la tranquilidad de la niñita rubia.

21 de marzo de 2011

POEMA DE LA LOBA PARDA

Según he leído, el poema “La loba parda” es anónimo, de origen pastoril extremeño nació en Cumbres Mayores, con eso de la trashumancia se extendió por toda Castilla. Hoy en día tiene alguna otra versión, pero la que yo recuerdo es la extremeña.
La quiero dejar aquí en mis recuerdos
Estando yo en mi majada,
repuntando mi cayada,
me vi de venir una loba
dirigida a mi manada.

Le dije: «Vuélvete, loba,
que tengo mis siete perros
con mí perra Cortijana».
Estando en estas palabras
fue la loba y se llevó
a la chivita blanca,
hija de la Hortelana.

«Andad, perritos por ella,
sí me entregáis la pellica,
la cena tenéis ganada:
siete calderos de leche
y otros tantos de cuajada».

Anduvieron mis perritos
siete leguas barbechadas,
y corrieron otras siete
por una espesa montaña.

Al llegar a una ribera
la loba se vio apretada:
«Aquí tenéis vuestra chivita,
llevársela a la manada;
el pellejo pa'l pastor,
que se haga una zamarra
y la carne pa los perros,
que no se desperdicie nada.


20 de marzo de 2011

LA TITA CONSUELO

Siguiendo con los recuerdos de La Raña, o lo que es lo mismo el cortijo de la Abuela, no podía olvidar a la tía Consuelo. Ella era la persona mas cariñosa y con mayor paciencia para con los niños, a la vez la encargada de poner orden a tanta chiquillería que sobretodo en los veranos nos juntábamos en el cortijo. No solo éramos primos también algunos niños de cortijos cercanos, les gustaba pasar los días con ella. (Aun hoy en el pueblo los niños por la calle la llaman abuela Consuelo y la paran al verla pasar para darle un beso)

Durante el día con el bochorno típico de los veranos del sur, sobretodo las niñas no salíamos del cortijo, ya intentaba Consuelo darnos algún entretenimiento como podía ser enseñarnos punto de cruz o bordados. (Siempre hay que estar haciendo algo de provecho, nos decía).


Pero al caer la tarde era el momento de ir a la era que estaba en plena actividad, los carros llegando con el grano, los hombres trillando y los chavales como si se tratase de caballitos de feria haciendo cola para que nos dieran vueltas y mas vueltas subidos al trillo.

En la noche nuestra ilusión era dormir en la era o "Posada de las Estrellas" como le llamaba Ella, eso si, siempre encima del carro. Pues la tita le tenia miedo a toda clase de bicho andante. (Su valor le tenia que echar sabiendo que por la noche bajaban lobos de la sierra)


Parece que la estoy viendo sacar los colchones de lana y alguna manta para la madrugada, subirnos al carro y empezar a jugar al veo- veo, mirando 
ese hermoso cielo tan claro y limpio, jugar a contar estrellas, enseñarnos a encontrar la Osa Mayor o Carro, y el Camino  de Santiago. Otras veces contarnos cuentos hasta que nos dormíamos. 

Cuando en algún momento se oían ladrar los perros, la tita para tranquilizarnos, alzando la voz recitaba el "Poema de la loba parda”

Dejo aquí una estrofa del poema, para no hacerlo tan largo.


“Andad, perritos por ella,
si me entregáis la pellica,
la cena tenéis ganada,
siete calderos de leche
y otros tantos de cuajada.”

Cuando tocaba lavar la ropa era estar todo el día en las Pozas. Para llegar a este lugar que estaba junto a la sierra, había que ir con la burra cargada con la ropa sucia y cuatro cantaros, para la vuelta traerlos llenos de agua (el agua de las Pozas era de lo mejor que había por la zona). Había una alberca unas  pilas y un pozo, este tenia unas tablas colocadas de tal manera que en medio quedaba el hueco suficiente para que pasase el cubo de cinc, con una soga atada al asa el cubo serbia para sacar el agua. Tenía su arte esto de echar el cubo al pozo, si no le dabas un pequeño vaivén a la soga no conseguías llenarlo. Este tenia que caer al agua un poco de lado o boca abajo y al darle el movimiento se llenaba.


Lavar la ropa blanca se hacia en tres tiempos, primero frotar con el trozo de jabón en la ropa, luego frotabas bien con los puños y terminabas plas, plas, plas, dando unos golpecitos en la piedra haciendo esto repetidas veces hasta que la mugre desaparecía. Después se le daba el segundo “ojo” se le llamaba así a una segunda agua haciendo el mismo procedimiento. Luego se ponía a solear, regando con agua cada cierto tiempo, para después aclarar con abundante agua, poniendo en el ultimo  aclarado el “azulete” este era imprescindible, mas o menos como hoy el suavizante, y por ultimo a secar. 

Cuando volvíamos al cortijo la ropa iba seca y doblada.

Así como si fuese un juego la tita me enseñaba a lavar, a doblar las sabanas, a bordar y a tantas cosas cotidianas de la época.


                 
                                     
Tita, siempre has sido el ejemplo que yo quise seguir, ejemplo de sencillez y forma desinteresada de dar cariño a todos los que nos hemos acercado hasta ti cuando te hemos necesitado.

 Ahora en este tiempo te toca recibirlo, te toca disfrutar de los tuyos que son muchos, te quieren y tienes la gran suerte de tenerlos cerca.

Te quiero. 

Rafi.



9 de marzo de 2011

BODA MEDIEVAL




Como tengo hermanos, mucho mas jóvenes que yo, de vez en cuando se les ocurren fiestas tan divertidas como esta que voy a contar.

Mi hermano Antonio y Mari Ángeles, ya nos venían diciendo que nos darían una comida para celebrar su unión como pareja.

Ha sido el día 5 de marzo. Ellos buscaron la fecha que coincidiera con el sábado de carnaval, para que todos fuésemos vestidos de época medieval.

Puedo deciros que la fiesta resulto mas divertida de lo que hubiéramos podido imaginar. Desde los mayores hasta los mas pequeños, todos ataviados con las vestimentas y peinados de la época. Los reyes eran la pareja protagonista, pero no faltaban los caballeros armados, princesas, y alguna que otra mesonera.

Al llegar al restaurante vimos que seria en la terraza donde estaban preparando la lumbre de la barbacoa y como el día amaneció más bien fresco, llegamos a pensar que pasaríamos frio. No fue así, ya que había una jaima acondicionada y calentita con música ambiental de la época. Además otra zona de porche con sillones para sentarse al sol los ratos que salía. Tampoco faltaba un pequeño parque infantil que fue la ilusión de los más peques.

La comida fue tipo bufe, empezando con jamón ibérico buen queso, tortillas de camarones y croquetas, después la barbacoa con las carnes, sin, o con su sabor agridulce, hubo para todos los gustos, desde pinchos morunos hasta costillas y pollo sin olvidar chorizos, morcillas y por supuesto el buen vino o lo que cada uno quisiera de bebidas.

Terminada la comida todo el que quiso disfruto del baile, en el cual hubo momentos para transportarnos a tiempos tan remotos e imaginar como eran las fiestas en esa época.

Un día feliz para recordar. Gracias a esta pareja que todos le deseamos que sigan así de felices toda su vida.

22 de febrero de 2011

LA ABUELA JOSEFA Y SU CORTIJO


La abuela Josefa
No se porque razón, pero desde muy pequeña pasaba largas temporadas donde la abuela Josefa, luego al empezar la escuela solo iba los veranos en vacaciones, según fui creciendo el tiempo que pasaba allí era mas corto.

La abuela Josefa era una mujer alta y fuerte, había que hablarle alto para que oyese, el pelo recogido en un moño, vestida siempre con el hábito de la Virgen del Carmen, con su delantal y como si quisiera descansar se ponía las manos en la cintura (en jarras se decía) Tuvo ocho hijos cinco hembras y tres varones, Adolfo, Victoriana, Sebastián mi padre, Consuelo, Felisa, Andrés, Aurora y Faustina. No se a que edad quedaría viuda pero cuando yo nací ya no vivía el abuelo José María, y en esos años solo quedaban solteros con la abuela Andrés, Consuelo, Aurora y la tía Faustina, esta ultima estaba siempre en el pueblo cosiendo.

Llamaban cortijos a todas las casas que había en La Raña. No puedo recordar todos los que había ni porque se le llamaba cortijos, pues estás casas no eran grandes ni nada parecidas a los grandes cortijos de Andalucía, pero se que estaban unos cerca de otros y todos los que allí vivían eran como familia, ayudándose en todo lo que necesitaban.

Un día de reunirse era el de la matanza, haciéndola en días distintos para poder colaborar todos en las faenas que la ocasión requería y prestarse utensilios como cuchillos, artesas y maquina de hacer morcillas.

Otro día de reunión y fiesta era el jueves de Comadres, hacían como un sorteo donde las mujeres sacaban un nombre y al coincidir estos, pasaban a llamarse comadres durante todo el año. Las comadres entre ellas, nunca se llamarían por su nombre real, también sus maridos serian compadres.

El cortijo tenía la puerta al Noreste. Por entonces, con la hora real del sol- tenían el reloj mas antiguo que se conoce- según iba dando la sombra, se sabían las distintas horas del día. El punto que mejor recuerdo era el de las doce del medio día, a partir de ese momento no se tardaría mucho en ver llegar a los segadores en verano, después de unas cuantas horas de siega volvían para comer y descansar para luego continuar la jornada . Para esa hora la Abuela ya estaba terminando la comida, que por cierto debía de guisar muy bien. Desde siempre he oído contar una anécdota de lo mucho y bien que guisaba. De vez en cuando, pasaba por los cortijos una pareja de la guardia civil y daba la casualidad, que al pasar por el de la Abuela, coincidía con la hora de la comida, al invitarles si querían comer, ellos dos, siempre decían, por ser cocido nos vamos a sentar, Josefa lo hace tan bueno. Hubiese lo que hubiese de comida, respondían lo mismo (Seria que todo les estaba bueno, o podía ser el hambre que llevaban)

Las ventanas de la casa eran muy pequeñas una en cada cuarto o habitación, de los tres que tenia, la cocina con chimenea para el invierno y en verano si el año había sido bueno, se llenaba de trigo o cebada y encima del grano montones de melones y sandias. Para los pequeños que estábamos en esos días no había mejor cosa que mandarnos a coger un melón de la montaña de trigo, si no estaba muy bueno llevarlo a la zahúrda para los cerdos. Como disfrutábamos comiendo melones y sandías.

En la puerta del cortijo, había una enredadera en un pequeño jardín lleno de pericones y macetas con geranios, gitanillas y claveles. Al llegar la tarde, veía llegar al tío Andrés lavarse apresurado y marcharse a un cortijo cercano, donde le esperaba la tía Basilia entonces su novia. Mientras la tía Consuelo y la tía Lola, se arreglaban con su delantal de costura y una flor prendida en el pelo, sentándose a coser en la puerta hasta que llegaban los novios José y Carmelo. A partir de ese momento, la abuela sentándose en una silla delante de los cuatro, cada pareja hablándose despacito al oído, y la abuela a duermevela, pero no se movería de su lado las horas que ellos estuviesen allí (a esto se le llamaba guardar la cesta)

Lo que llamaba la atención al llegar al cortijo, era la noche. acostumbrados a la luz eléctrica, el verles encender el carburo cuando oscurecía era todo un ritual. El carburo se abría como una cafetera a rosca y había que tener mucho cuidado porque el olor que desprendía era tan fuerte que mareaba, se rellenaba la parte de abajo del mineral, en el departamento de arriba se ponía agua, se cerraba bien y se encendía, también con cuidado porque algunas veces daba un fogonazo que asustaba. Con este tipo de lámpara en la cocina, y un candil, la noche se hacia de lo mas misteriosa, oyendo contar a los mayores sus cosas cotidianas del día, el lobo o zorro que habían visto, o bien contando historias de tiempos pasados hablando de maquis que bajaban de la sierra y asaltaban por los caminos.

17 de febrero de 2011

13 de febrero de 2011

PASEO POR MADRID







Estas son fotos de un día cualquiera paseando por Madrid.
Aunque llevo muchos años viviendo en Madrid, hasta hace muy pocos, no había sabido disfrutar de sus monumentos, plazas y rincones llenos de encanto por donde pasear o sentarte admirando edificios en los que nunca antes me había detenido para mirarlos.
Imagino, que lo que yo os pueda descubrir hoy, cada uno de vosotros habéis sabido apreciarlo hace tiempo.
Creía que conocía Madrid, como no voy a conocerlo viviendo aquí 50 años, habiendo trabajado una larga temporada por La Plaza de Opera, a la cual llegaba en coche hasta el aparcamiento de Santo Domingo, o en metro hasta Sol y bajando por la calle Arenal. Claro que tenia que conocer la capital habiendo salido mucho de noche, cuando nunca era tarde y nada te cansaba.
Todo era vivir muy deprisa y querer conseguir lo mejor. (Que distintos y maravillosos vemos ahora aquellos años de juventud)
Mi explicación esta en que ahora tengo ese tiempo que me pase toda la vida buscando, y en esto me dio por conocer mi ciudad con la calma que requiere conocerla a fondo.
Tengo la suerte de llevar a mi lado a mi marido, un gran conocedor de cada calle y plaza por donde pasamos. Porque él sigue diciendo aquel tópico antiguo “de Madrid al cielo”
Nunca nos olvidamos de pasar por las tabernas de tapas que ya conocemos desde jóvenes.
Lo estoy viviendo como cualquier turista que viniera de otro país. Todo esto con mucha calma y siempre pensando la suerte que tengo de vivir en la Capital de España.
Si tengo alguna duda sobre un edificio, anoto la calle y busco en internet para asegurarme.


21 de enero de 2011

MI PUEBLO DE ACOGIDA




La llegada a Madrid cuando la vida obligaba a emigrar no era fácil para nadie, aun más, cuando nunca antes has salido del pueblo.

Durante algún tiempo pude volver a Conquista, un día o dos al año, siempre para el día de Todos los Santos, era día señalado y obligado acudir al cementerio. Hasta que un día pensé que ya poco me ataba al pueblo y los viajes a él, se fueron distanciando cada vez más.

En la Capital llegue a echar de menos muchas cosas, pero sobretodo el contacto con la naturaleza, la paz y tranquilidad que se respira en el campo, al que tan acostumbrada estaba. Por todo esto, y también porque conocía mucho Cuenca. Un día me encontré en Villar de Cañas, un pueblo de la mancha conquense.

Este pueblo con su gente sencilla, sus campos, que en nada se parecían a los que yo conocía, pero con el mismo sol y las mismas estrellas de noche. ¡Las mismas, que de pequeña había mirado tantas veces, las había vuelto a descubrir en esta tierra! Porque en Madrid, no se veía el cielo como se veía en el campo, tampoco se escuchaban las ranas, ni los grillos, ni te despertaba el canto del gallo al amanecer.
El reencuentro con estas pequeñas cosas, fue la consecuencia de que lleve 35 años, disfrutando de Casalonga, una urbanización joven, pero extensa en terreno, que empezaba en los años 70. Aquí, junto con mi familia tengo los mejores recuerdos de mis años jóvenes, la mitad de mi vida la he pasado aquí (mis hijos aunque nacidos en Madrid, le llaman su pueblo)

De este pequeño pueblo habría mucho que contar sobre sus costumbres y fiestas, porque Villar de Cañas como todo pueblo, tiene su historia. Sus orígenes datan de 1480, tenía una gran posada medieval y una especie de venta donde descansaban los transeúntes y arrieros, existiendo cuadras para sus animales y contando con un gran pozo (existente aun en la plaza), a cuyo alrededor brotaban grandes cantidades de cañas dulces, siendo así conocida como la Villa de las Cañas.

El municipio se encuentra a unos 8 kilómetros de la autovía Madrid -Valencia, a camino entre la Serranía y la Mancha. El río Záncara afluente del Guadiana atraviesa su término municipal.

Aparte de una ermita del siglo XVII donde se venera la Virgen de la Cabeza, el monumento principal es la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, sobria construcción de inspiración renacentista,

La Iglesia tiene un Órgano de estilo neoclásico, fue construido hacia 1760 por Julián de la Orden maestro organero conquense que posteriormente construyó también los dos órganos que hay en la Catedral de Cuenca.


Rafaela.

5 de enero de 2011

NOCHE DE REYES


Como llega la noche de Reyes estoy pensando en la ilusión de miles de niños esta noche.

Y pensando en niños, pienso en mi nieto que cumplirá tres años en el mes de febrero.

Este año será el primero que disfrutara de la cabalgata de los Reyes Magos, a la vuelta vendrá con su cabecita llena de fantasías e ilusiones con la magia vivida de un momento para el inolvidable, que culminara cuando a la mañana siguiente se encuentre con los juguetes que le dejaran los tres Magos de Oriente.
¡Quien no recuerda la ilusión de esa noche aunque los juguetes fueran menos!

Hoy en Madrid sus Majestades irán en carrozas espectaculares, haciendo un pequeño homenaje a los abuelos y a los cuentos que suelen contar a sus nietos.
Bonita forma de valorar a los abuelos y la labor positiva que ejerce sobre el nieto el hecho de contarles cuentos desde muy pequeños.
Es muy gratificante también para el abuelo verle absorto en la historia que le estas contando.
Desde que tienen unos meses ya te escuchan con gran atención, como si quisieran comprender el significado del cuento.
Y lo mejor de todo, sabemos por nuestra propia experiencia que estas cosas tan simples y sencillas ocuparan un lugar muy importante en sus recuerdos de niño.

Para ti mi pequeño Diego.

30 de diciembre de 2010

LAS UVAS MILAGROSAS


Todos conocemos la tradición de tomar las 12 uvas, con las 12 últimas campanadas del año que termina, y esto dicen, nos traerá buena suerte en el año que empieza.
De lo que mas se habla es que empezó en 1909, dicen que por una gran excedencia de uva y unos cosecheros alicantinos avispados que inventaron esto para salvar la situación. (Esta es la versión mas conocida) aunque buscando encontramos otra mucho mas antigua y curiosa.
!Es esta que copio y pego!
En 1895 fue el primero en el que el Presidente del Consejo de Ministros cerraba el año con buenos deseos acompañados de uvas y champagne. Esto no fue más que la consecuencia de algo ocurrido en 1882 y que poco a poco consiguió implantarse en nuestra tradición.

¿Cómo surgió? Antes de 1882, las clases populares celebraban la Noche de Reyes por la calles de Madrid y hacían creer a los forasteros que la costumbre era salir en busca de los "Reyes" por la calle, de manera que los ridiculizaban, se reían de ellos y las calles se desmadraban. Entonces llegó la prohibición por parte del alcalde: todo el que quisiera celebrar la Noche de Reyes fuera de casa debía pagar, evitando los incidentes.

Hasta entonces, eran solo las familias acomodadas las que tomaban uvas y champagne en Nochevieja. Por eso, un grupo de madrileños, molestos por la prohibición, decidieron ridiculizarlos acudiendo a la Puerta del Sol a tomar las uvas a ritmo de campanada. Los datos apuntan que, al menos, se hizo así desde diciembre de 1896.

La prensa madrileña ya comentaba en enero de 1897: "Es costumbre madrileña comer doce uvas al dar las doce horas en el reloj que separa el año saliente del entrante". Al año siguiente la prensa animaba a seguir esta tradición con un artículo titulado "Las Uvas milagrosas".

FELIZ AÑO 2011

21 de diciembre de 2010

LA NOCHEBUENA




La Nochebuena, en nuestra tierra ya se notaba cuando se empezaba a preparar la matanza, esto era para últimos de Noviembre o primeros de Diciembre. En esos días la tarea de los niños todas las tardes después de la escuela era pelar ajos y cebollas (aunque con alguna lagrima obligada por la dichosa hortaliza) era el momento de ensayar los villancicos para esa Nochebuena.

Lo de “Buena” además de porque nacía el Niño Dios, también seria, porque se cenaba el pavo o pollo con tomate y algunos dulces especiales que días antes se hacían en el horno y como no, también algo de turrón.
Después de la cena cantábamos de casa, en casa, acompañados del sonido grave y característico de la zambomba (que se había echo en los días de la matanza con la vejiga del cerdo) o el timbre suave y hueco del almirez y el de la botella de anís vacía que raspando con un tenedor tenia un sonido muy peculiar. Cualquier utensilio de cocina era un instrumento musical en manos de un buen experto.
En cada casa que se cantaba un villancico, te obsequiaban con algunos de los dulces hechos para la ocasión, por ejemplo las rosquillas, borrachuelos o mantecados, y algo que no faltaba para los mayores era la copa de aguardiente o de mistela.

Esa Noche por los cánticos navideños, y la de Reyes por la magia que producía la ilusión de pensar que dejaran algún juguete, fueron siempre las mas celebradas de las Navidades. Poco se sabía por entonces de la Nochevieja, ni del Año nuevo.
Juguetes llegaban pocos, un año un parchis, otro un rompecabezas, unos calcetines, alguna libreta o lápices para la escuela junto con alguna moneda de chocolatina o una mandarina, era todo lo que dejaban “Algo extraño, cuando se oía decir que los Reyes eran los encargados de traer a los niños juguetes”

Estas Fiestas ahora, también empiezan un mes antes, pero con un sentido diferente. ¡Hay que empezar comprando los regalos con tiempo! Que si lo dejamos para última hora no encontraremos lo que nos ha pedido cada uno de la familia, sobretodo los reyes de los niños, si buscamos lo último en tecnología se agotan rápido.

¡Hablando de compras! no podemos dejar de cómprarnos algo de ropa para la Nochevieja y para los días de comidas y cenas que hay en estas fechas, la cena de empresa, la comida de amigos, los compañeros de piscina o gimnasio, los de informática etc. etc.

Sin olvidar las compras de la cena de Nochebuena, la comida de Navidad y todas las que le siguen, que no puede faltar el buen marisco, los ibéricos, las tablas de quesos, o los patees, de oca, el de finas hiervas, al champagne o a la pimienta, mas el cordero o pescado !el salmón ahumado que no falte el salmón ahumado! los dulces típicos como el mazapán y turrón. ¡Nada del otro mundo, los gastos que tenemos son de lo más normalitos!
Eso porque estamos en crisis, en años de bonanza te podías exceder un poco mas, que para eso es Navidad.

Solo un pequeño ejemplo de la diferencia de las Navidades de los años de 1950 a las del 2010.

¡Aprovecho la ocasión para desearos a todos! FELIZ NAVIDAD

A todos los que dejáis algún comentario y también a los que pasáis de paso.

8 de diciembre de 2010

EL PASEO DE LAS MIMOSAS



Se le llamaba así, a una parte del camino que recorría la distancia desde La Garganta a Minas del Horcajo. La naturaleza había encontrado allí el clima idóneo para la gran cantidad de plantas de mimosas silvestres que bordeaban ambos lados del mismo. Era un lugar especial, un poco mágico, romántico, algo espectacular entre tantos eucaliptos. Sobretodo en los meses de primavera cuando los árboles florecían llenando todo de un amarillo intenso, se podía disfrutar de la suavidad de sus flores y su delicado perfume. Todo el que haya tenido la suerte de pasar por allí en otros tiempos, no habrá resistido la tentación de llevarse un gran ramo a su casa para recuerdo y disfrute durante unos días.

En los alrededores de este llamado paseo, debajo de los eucaliptos se celebraba el día del hornazo el domingo de Resurrección, reuniéndose todos los vecinos de la zona con sus meriendas y el típico hornazo con el huevo cocido encima.
Los más pequeños disfrutaban buscando “los huevos de gamusinos” un juego que los mayores se habían inventado, encargándose de esconder entre los matorrales estos extraños huevos, eran cocidos y pintados de colores, gran sorpresa para los niños al encontrarlos y comprobar que además de vistosos, según se encontraban se podían comer. Un bonito día de convivencia para todos.

27 de noviembre de 2010

EL EUCALIPTO



El eucalipto es un árbol de gran porte que procede de Australia y Tasmania. Por su rápido crecimiento es frecuente encontrarlo en toda la cuenca mediterránea, América del Sur y grandes zonas de Asia.
Alcanza los 35 metros de altura, pudiendo llegar hasta los 100 metros en su lugar de origen. La corteza de su tronco se rompe espontáneamente en grandes láminas. Sus hojas son alargadas y algo curvadas. Forma unos grandes botones florales y el fruto es una cápsula con varias semillas. Las hojas de las ramas adultas se recolectan cuando están perfectamente formadas.
La infusión y las inhalaciones de hojas de eucalipto son expectorantes y estimulan y descongestionan las células secretoras de la mucosa bronquial, por lo que también se utilizan en el tratamiento de la bronquitis, la neumonía y el asma.
Los vahos de eucalipto también protegen de las infecciones, ya que al inhalarse producen un efecto antiséptico, que también ayuda a bajar la fiebre, y son muy utilizados cuando se padece gripe e inflamaciones de garganta. Aplicados por vía externa, el aceite esencial alivia el dolor producido por el reumatismo.

24 de noviembre de 2010

MI VIDA EN CONQUISTA


Cuando llegué a Conquista (empezando la adolescencia) todo era nuevo para mí, acostumbrada al silencio y la tranquilidad del campo, en el pueblo todo era un movimiento de gente, el trino de las golondrinas en las ventanas al amanecer, el sonido de los carros por las calles, la estación con el paso de trenes y automotores de la época, comercios y bares, la Iglesia en domingos y días de fiesta. Una perspectiva de vida totalmente distinta a la que habíamos vivido hasta entonces. Supongo que nuestros padres pensaron que seria lo mejor para todos.

La casa era grande y bonita, por lo menos me lo parecía en aquel tiempo. La planta baja era tienda de comestibles, muchos balcones en la planta primera, y termina en una azotea desde donde se puede ver todo el pueblo. Esta azotea, la fachada principal, y un grifo de agua corriente en el patio fue lo que mas me gusto al llegar. (Naturalmente era algo a lo que no estábamos acostumbrados)
Ya quedaban atrás las buenas lumbres en la chimenea, ahora para cocinar teníamos cocina de gas y para calentarnos brasero de picon.

Creo que llegamos en primavera, recuerdo haber pasado unas fiestas que seria San Gregorio, estas se celebran el 9 de mayo.
En estos días de feria conocí a mis primeras amigas. Podía nombrar muchas, pero ahora recuerdo a Manoli de la estación, así es como la llamábamos por entonces. A ella le encantaba leer, y pasaba por mi puerta para cambiar los tebeos, pero antes me los dejaba a mí, con lo cual el entusiasmo por la lectura que yo tenia, aumentó hasta tal punto que tenia que esconderme de mi hermano. (El decía que los tebeos me hacían imaginar príncipes que no existían en la realidad) Un mes después fue una buena manera de pasar mis ratos cuando tuvimos que guardar luto. “En aquellos años el luto por una madre era muy riguroso”

Pasaron algunos meses y a Manoli deje de verla, otras amigas me dijeron que se marcho a Madrid. Nunca más nos vimos en 50 años, hasta el año pasado que volvimos a encontrarnos gracias a Internet. Ahora su nombre es Manuela, me resulto un poco difícil dar con ella, al no acordarme de los apellidos, la reconocí en una foto, y la alegría al saber la una de la otra fue inmensa.

Al marchar Manoli, quedaron otras amigas, Maria Gloria, Luisa, Manolita, Isidora, Catalina, y alguna mas que olvide los nombres, todas ellas nos acompañaron en muchos momentos cuando no salíamos de casa.
Durante el día iba a coser a casa de la tía Vitoriana, o donde la vecina Maria Juana, luego también estuve bordando con Maria Gracia, y cuando anochecía a casa de la abuela Josefa a dormir, así fue durante el primer año. Por el miedo que teníamos de estar en casa, durante el día ya se pasaba mal, pero aun peor cuando llegaba la noche.

Como el luto se hacia eterno, ni los tebeos de Princesas, ni del Capitán Trueno o Roberto Acazar, era suficiente para ocupar la mente de una juventud que no se detenía. Me busque una excusa para poder salir. La Iglesia fue mi salida, los Domingos a misa, y todos los días al Rosario, y si había alguna misa de difuntos tampoco me la perdía. De esta manera me aprendí los misterios del rosario y las oraciones sin ningún problema.

Repasaba con la mirada una y otra vez la imagen de Santa Ana con la Virgen niña, la de San Gregorio, todos los rinconcitos del altar, hasta que al final los ojos se paraban en los dos monaguillos que ayudaban en la misa, sobretodo miraba a uno en especial, y creo que él también me miraba. Seria porque ellos eran de la misma edad, que las dos o tres amigas que íbamos "ese era nuestro entusiasmo de tanto ir a misa"

Todas las demás eran señoras mayores, mas el cura y el sacristán. ¡Entonces creo que tenía su lógica, mirar al cura era mas aburrido!

14 de noviembre de 2010

Lola.

Desde aquí quiero agradecer a una persona su interés por mi blog. El motivo puede ser debido a que se encuentra sin poder moverse al tener una pierna escayolada. Tiene que entretenerse como puede, incluso leyendo historias del año catapún, como las que cuento.
Ella y yo nos hemos visto en contadas ocasiones, al tener un familiar en común, hemos coincidido en alguna fiesta de comunión o cumpleaños, pero siempre nos alegró encontrarnos.
Lola, te voy a recordar cuando nos conocimos, fue en una de las primeras reuniones que hacia, te presentaste como la hermana de mi futura cuñada, también estaba ella Cristina, y tu madre.
Me ofreciste hacer una reunión en casa de otra persona que tú conocías. Todo aquello era nuevo, conseguir entrar en otro circulo de señoras distinto, además una zona que me parecía de gente bien, al ser todo chalet mi reunión seria un éxito, y así fue salio estupenda. Lo que quizás nadie se dio cuenta fue de los nervios que tenía la presentadora, las piernas le temblaban, la voz no le salía del cuerpo. Poco a poco fue dominando el tema, gracias a la simpatía de Lola, con su charla y gracejo, hizo que esta se encontrara entre amigas saliendo más o menos airosa.
Sabré que lo has leído si me contestas en comentarios.
Vamos mucho animo guapetona.

11 de noviembre de 2010

Mi hermano Andres.

 Mi hermano Andres, yo la de luto
Un día contaba la venida al mundo de una niña en San Serafín.
Y once años más tarde en el mismo lugar nacía otro hermano
Cuando supimos que mi madre estaba embarazada, los tres cogimos la noticia con alegría, mi hermana y yo, esperábamos jugar con el a la mamas, cuidándole y cambiándole pañales como si fuese el muñeco que nunca habíamos tenido, mi hermano, aunque la diferencia de edad era grande, pensaba que si era niño le enseñaría a jugar al fútbol.
Se notaba en la familia que todos deseábamos la llegada del nuevo niño o niña.
A mi por ser la mayor, me tocaba ayudar a mi madre con el ajuar del futuro bebe. (Por cierto que disfrute un montón, bordando los faldones, camisitas y sabanitas de cuna) Fueron unos meses que se vivieron con ilusión organizando los preparativos de su llegada.
Llego el otoño, y con el la recogida de la bellota, una mañana temprano mi padre mi hermana y yo, nos vamos a la dehesa de Conquista, donde mi padre tenia una tierra con encinas, (esto de coger bellotas y con 13 años, era muy cansado) estuvimos todo el día.
Al volver a casa, estaba mi madre en la cama y las vecinas entrando y saliendo muy apresuradas. Enseguida comprendí que iba a nacer el niño.
No acostaron pronto, pero no podía dormir, algo raro note toda la noche, hasta que llego la mañana y una vecina pasó a despertarnos con el bebe en brazos. ¡Un niño, ha sido un niño! Y le íbamos a llamar Andrés.
Aquel día 29 de Octubre de aquel año, lo recuerdo como si hubiera sido ayer. (A el se lo conté muchas veces así como hago ahora)
Que mayor me sentía cuidando de mi hermano y ayudando a mi madre.
Hasta que empezó a andar, siempre que no estaba durmiendo, lo tenía en brazos. Eso si, con la tranquilidad de que estaba cerca la mamá.
Cuando el niño tenía 8 meses murió mi madre. Entonces se presentaba un gran problema además de la tristeza, que nos invadió a todos. El pequeño se lo tuvo que llevar una hermana de mi padre, que vivía con unos parientes en Fuencaliente. Con lo mayor que me creía cuando estaba mi madre, al faltar ella, todo se me hacia muy difícil. Tardé algún tiempo en saber organizar todo lo que conlleva una casa, y volver a tener a mi hermano con nosotros.

Pasado un tiempo mi padre se caso de nuevo, y vinieron 4 hermanos más, con lo cual Andrés pasó a ser el hermano mayor de los cuatro.
Los mayores le mimábamos porque para nosotros siempre fue el pequeño, que quedo de mi madre. Los más pequeños le veían como el hermano mayor que se crió con ellos en casa.
Todos le quisimos siempre mucho, aunque el no se dio nunca por enterado.
(Ese fue siempre su problema, que se sintió desplazado, al menos él lo pensaba así)

Cuando tuvo edad de trabajar empezó en una salchichería, y unos años mas tarde fue un buen camarero, trabajo en muy buenos restaurantes, lo mismo podía servir mesas, atender al público en la barra, o ponerse en la cocina.

El horarios de los bares han sido poco compatibles siempre con la vida familiar, con lo que llego ha tener mas contacto con amigos, y compañeros de trabajo que con la familia.

En los últimos años tuvieron que hacerle un trasplante de corazón, que le mantuvo bien unos 4 años. Al final el corazón nuevo volvió a fallar y nos dejo justo hace ahora un año, cuando acababa de cumplir los 48.
Andrés nos dejo dos hijos preciosos, una chica y un chico, que hoy siendo mayorcitos entenderán lo que cuento, y al leerlo comprobaran que fue muy querido por todos.
Este recuerdo en el aniversario de su muerte, me ha costado mucho escribirlo y e puesto todo mi corazón al hacerlo.

1 de noviembre de 2010

Minas de San Serafin. En la foto mis padres de padrinos

Otro trocito de mis recuerdos esta en minas de San Serafín donde vivíamos, pues aunque en aquellos años los pastores casi todos vivian en chozos, mi padre fue un pastor privilegiado en ese sentido, aunque su trabajo era duro y sin descanso, a mis padres siempre se les veía felices. Mi padre llego a cuidar de 400 ovejas merinas y algunas cabras, Tenia tres perros de la raza Mastín Español, tuvo un zagal o dos, que le ayudaban en las tareas del rebaño, recuerdo uno de ellos, que luego la amistad que unió a las dos familias, fue muy fuerte y para siempre.

Os cuento una anécdota de este chico que no podía dejar de contar, ya que siempre que estaban juntos Miguel y mi padre la recordaban para reír un rato. Creo que el primer día que el chaval llegaba a trabajar, tendría doce o trece años, llego tan limpio y bien peinado (que mi padre que era muy guasón le dijo) ¡bueno, bueno, muy peinadito bienes tu para ser pastor! creo que el chico empezó a pasarse la mano por la cabeza hasta despeinarse, pensando que así le podía gustar mas para su trabajo.

Me gustaba ir a esperar a mi padre a la puerta de la enramada para ver pasar las ovejas de una en una, cuando una vez le pregunte como podía contarlas a todas, me explico su pequeño truco. Llevaba en la mano una piedra o chinato, por cada 25 ovejas hasta el total de las que había, y cada 25 que pasaban tiraba una piedrecita al suelo, cuando terminaban de pasar todas, no tenia que tener ninguna piedra en la mano. Así nunca se equivocaba.

Teníamos casa como todos los trabajadores de la empresa, estas eran grandes, con luz eléctrica y mucha leña la cual era fácil de encontrar por la zona, toda la que cada uno lograba acarrear para los días invierno y como no, también para verano era la única manera de poder guisar, por algo todas las casas tenían además del comedor con chimenea, una cocina pequeña fuera, para el verano.

Las viviendas en San Serafín no serian mas de seis u ocho, estaban construidas separadas, en grupos de dos, en dos en la ladera del cerro, también estaba la enrama y los pozos de la antigua mina, con una torre alta donde estaba el nido de la pareja de cigüeñas, que volvían cada año con su majestuoso vuelo y su peculiar forma de castañetear los picos para comunicarse, con su llegada anunciaban la primavera y allí permanecían junto con sus crías hasta el otoño que se marchaban para tierras mas calidas a pasar el invierno.

Se vivía bien, aunque trabajaban mucho. Mi madre se ocupaba de los animales que tenían la suerte de poder tener, estos eran, una yegua que crió una potrilla, gallinas, pavos, que después vendían, cerdos para la matanza de cada año y un huerto siempre bien cuidado con verduras, hortalizas y frutas en verano, también en invierno las coles o repollos y coliflores. Pensando en todos los recursos de que disponían, además de la leche de las cabras, mas algo de caza como conejos o perdices. (Podemos darnos cuenta que no tenían problemas para alimentarnos)
Lo que siempre eche en falta fueron juguetes y cuentos o libros, de eso no pude disfrutar mucho, solo la Enciclopedia Álvarez de la época, que me la aprendí de memoria de lo que me gustaba leer. (Pero hoy comprendo que todo lo que costaba dinero era lo que no podían darnos). Cuando alguna vez iban al pueblo a comprar, nos traían naranjas, chocolate, algo de ropa y tela para algún vestido, que también nos hacia mi madre.

Hubo muchas cosas que yo desconocía hasta que fui algo mayor. Una vez una vecina me mando a casa de otra, a por el molinillo de café. Pues se conoce que allí solo había este, porque recuerdo estar siempre con el molinillo de casa en casa, lo único que había visto moler en mi casa era malta de cebada y para mi, ese era el café que conocía, como siempre he sido muy curiosa abro la tapa y que veo, ¡dos cagarrutas de oveja! Me vuelvo a contárselo a la vecina, a decirle el descuido, y que las iba a tirar. Esta se enfado mucho y me dijo que dejara eso allí. Fue cuando supe como era el café.
¿Supongo que habréis adivinado porque dejo los granos de café en el molinillo?